La Abadía de Westminster: Historia y Entradas
La Abadía de Westminster es una iglesia anglicana que se encuentra en el distrito de Westminster, en la ciudad de Londres. En ella tienen lugar las coronaciones y otras ceremonias de importancia nacional.
Su edificación es de estilo gótico, y su nombre formal es el de Iglesia Colegiata de San Pedro. En 1987, la Abadía de Westminster en conjunto con la Iglesia de St Margareth y las Casas del Parlamento, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Abadía de Westminster
Valoración 4.6/5 sobre 38.034 opinionesVisita el templo más famoso y antiguo de Londres y lugar de coronación de los monarcas británicos.
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Historia de la Abadía de Westminster
El colapso del Imperio Romano de Occidente dejó paso a las invasiones bárbaras a partir del siglo V. La Britania romana pronto fue ocupada por los anglosajones, que resquebrajaron la isla en múltiples reinos.
A la par, el cristianismo comienza a propagarse por toda Europa desde Constantinopla. En el año 596, el Papa Gregorio Magno envió una misión cristiana a los anglosajones liderada por Agustín de Canterbury, monje benedictino y primer arzobispo de Canterbury, considerado como el apóstol de Inglaterra y padre de la iglesia.
Desde allí, la influencia del cristianismo se traslada rápidamente a la antigua capital romana de Londinium y se erige una iglesia dedicada a San Pablo como nueva sede episcopal en La City, el perímetro romano amurallado.
Es en estas primeras décadas del siglo VII cuando la leyenda sitúa la fundación de un santuario en la isla de Thorney, formada por la desembocadura del río Tyburn en el Támesis. El edificio es consagrado a San Pedro tras la visión del apóstol por un pescador de la zona. Este lugar se convirtió más tarde en un monasterio benedictino, implantado durante el reinado de Edgar el Pacífico, alrededor del año 960.
En plena invasión y conquista vikingas, Eduardo el Confesor se hace con el trono inglés a principios del siglo XI. Durante su destierro en Normandía había prometido peregrinar a Roma en caso de que su familia recuperara su posición en Britania. Una vez restablecida su corona, Eduardo es aconsejado no realizar su promesa por la alta inestabilidad de su posición y reino. A cambio León IX le instó a subvencionar y ampliar el monasterio de Thorney. El rey construyó una abadía contigua al centro religioso que pronto comenzaría a llamarse “West Minster”, la iglesia del oeste, para diferenciarla de su homónima del este, la de San Pablo.
Así nace la Abadía de Westminster, 1051, aunque su instigador no pudo asistir a la ceremonia de inauguración el 28 de diciembre de 1065, por encontrarse gravemente enfermo. El rey murió días más tarde y fue enterrado en ella. En 1066, después de la batalla de Hastings, Guillermo el normando, el Conquistador, es proclamado rey en la abadía de Westminster y esta tradición continúa hasta nuestros días.
Únicamente dos monarcas en la historia de Inglaterra y del Reino Unido, Eduardo V y Eduardo VIII, no han sido coronados en esta iglesia. El primero fue titulado soberano (1483) pero no coronado por ser menor de edad y no vivió para ello, pues fue presuntamente asesinado por su tío y heredero al trono Ricardo III, junto a su hermano y sucesor, en la Torre de Londres. Se les conoce como los Príncipes de la Torre.
El tío de la actual reina Isabel II, Eduardo VIII, no asistió a su ceremonia de entronización, que observó desde una de las ventanas del palacio de San James, en compañía de su polémica amante Wallis Simpson. Tras su segundo divorcio, Wallis y Eduardo intentaron casarse pese a la oposición de la casa real, el gobierno y gran parte del pueblo británico, que no consideraban digna a la doblemente divorciada estadounidense. Eduardo VIII abdica en favor de su hermano, Jorge VI, en 1936, tras un reinado de 325 días en el que nunca llegó a ser coronado.
La abadía hasta nuestros días
El actual edificio de estilo gótico es obra del rey Enrique III que, siguiendo la revolución arquitectónica de Francia y las nuevas edificaciones catedralicias de Canterbury, Winchester y Salisbury, decide reconstruir la abadía con la idea de crear un centro religioso que a su vez sirviese como emplazamiento majestuoso para las sucesivas coronaciones y como mausoleo para la realeza.
En el edificio se proyectó una capilla en honor a San Eduardo el Confesor, canonizado tras su muerte, en la que depositar sus restos. Alrededor del sepulcro se dispusieron varias tumbas de destacados caballeros medievales y la del propio Enrique III, que decoró su lápida imitando el estilo de su antecesor.
Igual que su precedente, Enrique III no vivió lo suficiente para ver su obra completada, que fue consagrada el 13 de octubre de 1269, la onomástica de San Eduardo. Las obras se alargaron hasta el reinado de Ricardo II ya en el siglo XIV.
La abadía sería de nuevo alterada por Enrique VII, que introdujo una nueva capilla dedicada a la Virgen en 1503. La Lady Chapel, como aquí es conocida, es posiblemente la cara más bella y famosa de la catedral de Westminster. Los coloridos y llamativos estandartes que se observan corresponden a los distintos caballeros vinculadas a la Orden Militar del Baño, símbolo de purificación durante la ceremonia medieval de nombramiento como caballero.
Durante la reforma anglicana de Enrique VIII (s. XVI) se acuña la frase “robbing Peter to pay Paul”, robar a Pedro para pagar a Pablo, en alusión al desvió del presupuesto destinado para la abadía de San Pedro o Westminster hacia la ahora catedral anglicana de San Pablo.
La católica reina María, nieta de los Reyes Católicos, devuelve la iglesia a los benedictinos, ya como catedral desde 1540, en un paréntesis religioso que su sucesora, Isabel I, difumina echando a los monjes y reafirmando su estatus como Iglesia Colegiata de San Pedro bajo la jurisdicción directa de la corona. Ambas gobernantas están enterradas aquí.
Tras la ejecución de Carlos I, Oliver Cromwell instaura en 1649 una república denominada Commonwealth, la Mancomunidad de Inglaterra, de la que fue Lord Protector hasta su muerte.
También fue enterrado en la abadía con gran pompa y boato. En 1661, por orden de Carlos II, el hijo del ajusticiado rey, el cuerpo de Cromwell fue exhumado y exhibido colgando de unas cadenas. Su cabeza fue decapitada y clavada a la entrada de la propia abadía hasta 1685.
Enterramientos y memoriales
Desde Eduardo el Confesor prácticamente todos los reyes de Inglaterra y del Reino Unido han sido enterrados en la abadía de Westminster, con la excepción de Eduardo IV, Enrique VIII y Carlos I, cuyos restos descansan en el castillo de Windsor. Es tras Jorge II (1683-1760) cuando los monarcas fallecidos comienzan a enterrarse en Windsor, en la capilla de San Jorge.
Es precisamente durante la Mancomunidad de Cromwell cuando se populariza el enterramiento de personalidades célebres alejadas del clero o de la aristocracia, como el almirante Robert Blake en 1657.
Le siguieron otros generales, políticos, científicos, actores y demás destacados miembros de la sociedad británica.
Tal es el caso de Isaac Newton (1727) o Charles Darwin (1882), ocho primeros ministros, el pintor Turner, el explorador David Livingston, el compositor Handel, el actor Laurence Olivier o el célebre Poets´ Corner, el rincón de los poetas, donde yacen sepultados y conmemorados muchos escritores, dramaturgos y demás artistas, entre los que destacan Lord Byron, Charles Dicken, Henry James o Geoffrey Chaucer, considerado el padre de la literatura inglesa.
William Shakespeare no está sepultado aquí, aunque existe un monumento en su honor, al igual que Oscar Wilde, por ejemplo, enterrado en Paris pero que cuenta con una placa en su memoria.
Otra losa en el suelo, situada a la entrada de la puerta oeste, destaca sobre las demás. Es la tumba dedicada al Soldado Desconocido, un combatiente británico anónimo caído durante la I Guerra Mundial y sepultado aquí en 1920, sobre tierra de un campo de batalla francés. Es la única losa en la que está prohibido pisar.
La Silla de la Coronación
Muy cercana al homenaje al soldado desconocido se encuentra la Silla de Coronación, usada en cada coronación desde 1308. Fue mandada construir por Eduardo I, para albergar la Piedra de Scone o Piedra del Destino, que se empleaba en los rituales de coronación escoceses durante la Edad Media.
A finales del siglo XIII, Eduardo I oprime a los escoceses y se lleva la piedra de arenisca de la abadía de Scone a la de Westminster. Entonces manda construir la conocida como Silla de Eduardo, debajo de cuyo asiento se colocará la roca sagrada para los escoceses, símbolo ahora de su sometimiento a los ingleses.
Desde entonces, en cada ceremonia de coronación, la silla con la piedra incluida se coloca en frente del altar mayor. La liturgia es celebrada por el arzobispo de Canterbury que llama al reconocimiento del nuevo soberano. Éste se dirige al trono después de jurar servir fielmente a la corona y a los reinos que la componen. El monarca se sienta y se procede entonces a su unción y a la entrega de cetro, orbe y corona símbolos religiosos, políticos y regios. El grito de “Dios salve a la Reina o al Rey” y los cañonazos desde la Torre de Londres a modo de salvas, dan paso a la jura de lealtad de los súbditos congregados y al fin de la ceremonia.
Pero esto estuvo a punto de cambiar. En 1950, cuatro estudiantes escoceses se cuelan en Westminster, roban la Piedra del Destino y huyen rumbo a su tierra natal. Durante su extracción de la silla, la roca se parte en dos.
Un pedazo es escondido en Kent y el otro consigue llegar a Glasgow pese a los exhaustivos controles policiales. Al final ambos pedazos se reúnen en la ciudad escocesa y son reparados.
La presión e intensificación de la búsqueda junto a la falta de apoyo popular hacen que los estudiantes abandonen la sagrada piedra en la Abadía de Arbroath, donde es recogida y devuelta a la de Westminster. En 1953, Isabel II sería coronada a la vieja usanza, con la famosa piedra debajo de su real trono.
El poso que este acontecimiento dejó en la sociedad escocesa hizo que en 1996, como respuesta a la reclamación de la vuelta de la mítica roca a su lugar de origen, el partido conservador decidió su devolución para ganarse los votos escoceses en las elecciones que se celebraron al año siguiente. Desafortunadamente para ellos, los laboristas del escocés Tony Blair se hicieron con la victoria.
Actualmente, la Piedra del Destino descansa en el castillo de Edimburgo, junto al resto del tesoro escocés, y sólo es devuelta a la abadía de Westminster en ocasión de una nueva coronación, como símbolo del reino de Escocia y no de su sometimiento.
Bodas reales
La primera boda real celebrada en Westminster fue la de Enrique I y Matilda, hija del rey escocés Malcolm III, en 1100. La última fue la que unió al príncipe Guillermo y a Catherine Middleton en 2011. Desde la primera hasta esta última han ocurrido 14 más, incluida la de su abuela Isabel II con el duque de Edimburgo en 1947.
Fue Isabel, la reina madre, madre de la actual y esposa de Jorge VI, la primera que depositó su ramo en la tumba al soldado desconocido en 1923. Catherine Middleton continuó la joven tradición en su enlace.
La visita del Papa
El Papa Benedicto XVI visitó la abadía de Westminster en 2010 como parte de su recorrido por el Reino Unido. Su antecesor Juan Pablo II también acudió a las islas, pero su visita no tuvo el mismo reconocimiento oficial que ésta, la primera de Estado desde la reforma protestante de 1534.
El acontecimiento histórico sirvió como símbolo de cicatrización de la herida surgida entre ambas ramas del cristianismo, especialmente la entrada del obispo de Roma en la abadía, icono del anglicanismo y donde fue coronado el mismísimo Enrique VIII, responsable de la reforma anglicana y de la muerte del santificado mártir Tomas Moro.